• vie. Ago 7th, 2026

A los 488 años del genocidio Muisca, y del magnicidio de Tisquesusa. ¿Cumpleaños de Bogotá?

Ago 5, 2026

Por: Rodrigo H. Acosta B

Ago 6, 2026

Bogotá cumple 488 años desde cuando el 6 de agosto de 1538 Gonzalo Jiménez de Quesada a nombre del emperador Carlos V de España invadió el confederado de los muiscas. Miles fueron los indígenas masacrados, la ocupación del territorio muisca hizo parte de un proceso continental iniciado con el llamado ‘descubrimiento’ de América, en el que millones de indígenas perdieron la vida como consecuencia de la conquista, las epidemias, la explotación forzada y el despojo de sus territorios.

Así fue como Tisquesusa, el último Zipa de Bacatá, nuestro héroe de la gesta histórica, fue asesinado por las tropas invasoras europeas, en Facatativá en 1538, previo sometimiento de los asentamientos en Suba, Chía y Funza y del robó de nuestros tesoros en oro. Las flechas y lanzas no resistieron a la caballería y el uso inmisericorde de la pólvora en manos de los forajidos españoles.

Esta es la verdad de la celebración pusilánime de la fundación de Bogotá, como si la llegada de Gonzalo Jiménez de Quesada fuera Alicia en el país de las maravillas, no señoras y señores se trató de una masacre, una invasión y un saqueo.

La contradicción histórica en el himno de la ciudad

No obstante, esta cruda historia el himno de Bogotá dice en su segunda estrofa:

“Tres guerreros abrieron tus ojos

a una espada, a una cruz, y a un pendón

Desde entonces no hay miedo en tus lindes

ni codicia en tu gran corazón”.

La literatura surrealista, del maestro Pedro Medina Avendaño quien compuso la letra que pasó a ser el himno de Bogotá en 1974, es una oda al imperialismo con un romanticismo que falsea la realidad, la segunda estrofa debería decir:

“ Mil querreros defienden tu tierra

A una espada, a una cruz y a un pendón

Desde Tisquesusa, nuestro último Zipa

Dignidad en nuestro corazón.”

(Tisquesusa, Thisquesuza, Thisquesusha, Thysquesuca o Tisquesusecha, el último Zipa de Bacatá,asesinado por tropas españolas)

Seguiré insistiendo, dicha estrofa debería ser cambiada, al menos en cada celebración lo cantaré así.

Y es que precisamente a punta espada y adoctrinamiento de la “Sagrada Inquisición” y seguramente de algunos judíos, los indígenas fueron sometidos por una jauría de asaltantes que vinieron desde España a saquear. Así se fundó SantaFe de Bogotá.

El mismo Jiménez de Quesada en sus memorias se refiere a sus hombres así: “me parece, como si nos hubiera quedado a todos una buena porción de locura, pues qué otra cosa puede ser sino locura guerrear contra indios inocentes, y abandonar su patria para robar objetos sobre los cuales no se tiene el menor derecho”. Una singular confesión en boca de un conquistador […]

(Grabado de Theodor de Bry que representa el controvertido relato de Bartolomé de las Casas sobre la destrucción de las Indias, 1552.)

La opulencia y el enfrentamiento de nobles guerreros

“Eran sus habitantes hombres guerreros elementales, sabios por instinto y por una educación basada en la tradición, en la observación de los fenómenos naturales y en el arduo trabajo de desnarigar breñas para extraer el rico oro, las finas esmeraldas y demás piedras preciosas que hicieron de su laborioso trabajo de orfebrería una indiscutible leyenda milenaria. Tanta riqueza y apacible opulencia, silvestres como lo eran y sin ningún otro afán como no fuera el de la manifestación inequívoca de la expresión de la belleza, que habla por si sola de sus nobles sentimientos, crearon en las mentes pérfidas y ambiciosas de los foráneos invasores una sed inaudita de sangre.

Esta fue la nefanda época que le tocó vivir a nuestro protagonista, enfrascado como estaba en una disputa abierta y en igualdad de condiciones por el dominio de sus territorios, era una lucha de nobles guerreros, la contienda inmemorial que nace de lo mas recóndito del alma humana, son los lazos atávicos invisibles con que nace el hombre en su lucha por la supervivencia, sin malicia, sin trampas ni artificios, frente a frente como dos verdaderos guerreros que luchan por su identidad.

Tisquesusa el zipa de Bacatá, era sobrino de Nemequene, a quien sucedió en el zipazgo, máxima autoridad dentro de la jerarquía política de los muiscas de Bogotá. Había sido cacique de Chía y dirigió los enfrentamientos del zipa con los panches, enemigos de los muiscas, al comienzo del gobierno de su antecesor.

Estuvo a cargo del gobierno mientras el zipa Nemequene dirigió la guerra contra el zaque Quemuenchatocha (quien ejercía su mando sobre los muiscas asentados en la parte norte del altiplano cundiboyacense), en la cual murió Nemequene. Tisquesusa, al igual que su tío, mantuvo como general de su ejército a su hermano Sagipa, quien continuó los ataques contra el zaque tunjano mientras se llevaban a cabo las ceremonias de sucesión del zipazgo. Concluidas éstas, el zipa, con acuerdo de los uzaques, decidió continuar la guerra contra el zaque, luego de que sus guerreros al mando de Sagipa sometieron al Ubaque, quien se había rebelado. El zipa y su hermano se dirigieron con más de cuarenta mil hombres contra el zaque Quemuenchatocha, quien, aunque también contaba con un poderoso ejército, se hallaba debilitado por las guerras pasadas.

En esta oportunidad el zaque no recibió el apoyo del iraca Sugamuxi, quien decidió mediar entre los dirigentes para alcanzar un acuerdo pacífico, y logró que se pactara una tregua que estaba por finalizar cuando llegaron los españoles al altiplano.

Popón, famoso mohán del pueblo de Ubaque, el mohan era como el sabio clarividente de los pueblos indígenas, le había pronosticado al zipa Tisquesusa que unos extranjeros vendrían a su territorio y le sacarían su sangre, en la cual él moriría envuelto. Este presagio le hizo mirar con temor la proximidad de los invasores españoles y evitar el contacto con ellos. Cuando se enteró del avance de los invasores por su territorio, envió espías a Suesca, hacia donde éstos se habían dirigido, para que le informasen sobre los extranjeros, sus armas, provisiones de guerra, el número de soldados y poder intuir con cuántos guerreros podría expulsarlos. Mientras los espías estaban en Suesca, tuvo lugar la muerte de un caballo, lo que les permitió darse cuenta que caballo y caballero no formaban una unidad, como hasta el momento habían creído.

(Tisquesusa, monumento ubicado en Zipaquirá, al lado de la estación del tren y que apunta hacia el Cerro del Guasá.)

La persecución implacable y el magnicidio

Con base en la información que le dieron sus espías, Tisquesusa salió de su cercado en Bogotá, en sus andas de oro, y se asentó en Nemocón. Esto motivó a los españoles a salir hacia ese poblado. Durante el viaje, la retaguardia de Gonzalo Jiménez de Quesada fue atacada por 600 guerreros de Bogotá, que fueron repelidos. Los informes obtenidos por Tisquesusa sobre la capacidad militar de los españoles y, en especial, sobre los desconocidos “truenos” que expedían los arcabuces, le indujeron a retirarse a su casa fuerte de Cajicá, donde dijo a sus guerreros: “No hay resistencia, ni le hallo poder contra estos hijos del sol, porque como cosa del cielo tienen truenos y disparan rayos.

Esta mi casa fuerte, aunque llena de armas, no es suficiente defensa para gente tan poderosa”, y sin detenerse volvió con toda prisa a su palacio de Bogotá. Una vez allí ordenó la evacuación inmediata del poblado, de tal suerte que cuando los españoles llegaron en su búsqueda lo encontraron abandonado. Ante la imposibilidad de encontrar al zipa, los españoles partieron nuevamente hacia el norte y luego de someter al zaque retornaron a buscar a Tisquesusa.

Este se había retirado a su cercado, conocido como casa de monte, en las cercanías de Facatativá, a las afueras de Bogotá. Los españoles, mediante la aplicación de infames “tormentos” y la delación del subazaque, quien se había ofendido por los castigos a los que lo sometió el zipa por ayudar a los invasores, lograron establecer el sitio donde se había ocultado el zipa y lo atacaron de noche.

 

Para escapar de la emboscada, Tisquesusa salió por un postigo falso, y un abucero, sin saber de quién se trataba y al ver la manta tan rica que llevaba puesta, lo hirió y lo dejó ir después de arrebatársela. Herido, el zipa Tisquesusa se fue al monte, solitario y desvalido donde murió desangrado; sólo fue descubierto tiempo después  debido a que vieron sobrevolar a los gallinazos. El secreto de su muerte en 1539 se mantuvo durante casi un año.

Tal como lo detalla explícitamente la obra histórica colonial Lucas Fernández de Piedrahita — Historia general de las conquistas del Nuevo Reino de Granada (1688), el repliegue del Zipa Tisquesusa ante el avance de las tropas de Gonzalo Jiménez de Quesada y la evacuación de los poblados ocurrieron ante la imposibilidad material de contener las armas de fuego (arcabuces). La crónica confirma cómo los españoles —recurriendo a la coacción y la delación— lograron dar con el paradero de su refugio en los montes de Facatativá para emboscarlo en horas de la noche, resultando en su muerte por desangramiento tras ser herido por un soldado que le arrebató su valiosa manta.

Esta violenta cacería humana se alinea con lo consignado en el tratado en verso Juan de Castellanos — Elegías de varones ilustres de Indias (1589), considerado una de las crónicas más tempranas y directas de la hueste conquistadora, donde se registran los pormenores de la campaña militar en el territorio de los muiscas, la resistencia de los guerreros de Bacatá y las circunstancias que culminaron con el deceso del último Zipa en los bosques occidentales de la sabana, evidenciando la violencia sistemática del asedio español.

A ello se suman las investigaciones académicas del Banco de la República (Red Cultural) y la Biblioteca Nacional de Colombia, cuyos dossiers de investigación histórica sobre la expedición de Gonzalo Jiménez de Quesada y la resistencia de la confederación muisca analizan y corroboran cómo la estrategia de conquista combinó la presión militar, la extorsión a caciques subordinados y el uso sistemático de la violencia física para desarticular el liderazgo político indígena, priorizando la obtención del botín aurífero por encima de cualquier acuerdo pacífico.

Fue con esta infame persecución que el abanderado Gonzalo Jiménez de Quesada fundó la Noble ciudad de Santafe de Bogotá capital de la República de Colombia. Pero este puñado de forajidos, lumpen de la decadente y degenerada corona española, en su afán de avaricia por encontrar el tesoro indígena de “el Dorado”, para sostener sus guerras intestinas, no pudo encontrar mejores métodos para compartir este nuevo paraíso que habían tropezado por accidente, sin el más mínimo respeto por sus ancestrales raíces [i].

La Real Audiencia y la ruta de la dominación fluvial

Santafé fue la sede del gobierno de la Real Audiencia del Nuevo Reino de Granada (creada en 1550). A partir de 1717 fue capital del Virreinato de la Nueva Granada, acogiendo a los virreyes, tras haber disputado con Cartagena de Indias la sede virreinal. En 1819 se convirtió en capital de la Gran Colombia hasta 1830, cuando este estado se disolvió dando inicio a las repúblicas de Ecuador, Venezuela y Colombia (Panamá se separaría en 1903).

“El nombre de Gonzalo Jiménez de Quesada es bastante conocido en la historia de Colombia por haber sido el fundador de Santafé de Bogotá y haber comandado la primera expedición conquistadora en tierras de los muiscas. Sin embargo, no debemos olvidar que esta misma expedición, realizada durante los años de 1536 y 1537, fue la que estableció el dominio sobre el interior del país y consagró al río Grande de la Magdalena como la principal vía de comunicación entre la costa Atlántica y las regiones montañosas centrales. Esta sería la ruta de transporte de mercancías y pasajeros en los siglos venideros, permitiendo que el oro, la plata y otros productos secundarios llegaran hasta los puertos del Atlántico y de ahí a Europa, desde donde se enviaban el vino, los textiles y las manufacturas que dieron forma a las sociedades a ambos lados del océano. La importancia de esta expedición, desde este punto de vista, es lo que se quiere destacar en este breve artículo.

Debemos comenzar por ubicarnos a mediados de la década de 1530, cuando solo se empezaban a explorar las costas de lo que más tarde sería Colombia y se tenía una vaga idea de sus recursos y su geografía. Desde hacía cerca de cuarenta años, los europeos se habían instalado en las islas Antillas y desde su base de operaciones en Santo Domingo y luego desde Cuba, habían explorado toda la región Caribe en busca de poblaciones indígenas que pudieran saquear y de recursos que pudieran exportar. El emplear el procedimiento de establecer campamentos temporales en las costas de tierra firme sirvió de base de operaciones mientras se saqueaban y atacaban los pueblos indígenas vecinos. El botín era luego llevado a las Antillas. Lugares como Santa María de la Antigua del Darién habían surgido de ese modo y tuvieron una efímera existencia.

Pero a medida que las poblaciones indígenas disminuían por la guerra y las enfermedades, o se retiraban hacia el interior del continente, fue necesario establecer poblaciones más permanentes y de este modo se empezaron a fundar ciudades portuarias como Santa Marta (1525) y Cartagena (1533). Desde ellas continuó el saqueo de los pueblos cercanos y la exploración del territorio.” [ii]

Nuevas evidencias históricas del saqueo colonial y de la masacre contra los indígenas

La investigación histórica documental contemporánea consolida pruebas irrefutables de que la empresa de conquista no fue un simple episodio de exploración, sino un proyecto sistemático de despojo basado en la violencia:

  • El saqueo financiero e infraestructural: La destrucción de los sistemas de terrazas, camellones y la expropiación de orfebrería y minas de oro y esmeraldas no solo desmanteló la economía muisca, sino que el tesoro extraído fue canalizado de manera inmediata para cubrir las deudas de la Corona española con la banca de Génova y Flandes.
  • La masacre demográfica y el sistema de mitas: Los registros de probanzas coloniales demuestran que el colapso de la población nativa se aceleró exponencialmente mediante el trabajo forzado en las encomiendas, las mitas mineras y las retaliaciones militares, donde miles de indígenas perecieron por agotamiento extremo, hambre y enfermedades introducidas, diezmando sistemáticamente el tejido social de los clanes andinos.

La civilización que observaba el cielo: astronomía, calendario y cosmovisión muisca

(Exposiciones permanentes del Museo del Oro, sala cosmología y simbolismo Desconocido © Banco de la República)

Mucho antes de que los primeros europeos llegaran al altiplano cundiboyacense, la Confederación Muisca había desarrollado una profunda comprensión del territorio, del tiempo y de los ciclos de la naturaleza. Su organización política, su agricultura, sus ceremonias y buena parte de su vida cotidiana estaban estrechamente ligadas a la observación del cielo. Para los muiscas, la astronomía no era una ciencia separada de la espiritualidad: ambas constituían una misma forma de comprender el universo.

El Sol (Sué) y la Luna (Chía) ocupaban un lugar central dentro de su cosmovisión. No eran únicamente divinidades veneradas, sino los grandes ordenadores del tiempo y del equilibrio natural. El movimiento de ambos astros permitía establecer los momentos apropiados para sembrar, cosechar, realizar ceremonias comunitarias y organizar los intercambios entre los distintos cacicazgos. La relación entre el ser humano, la tierra y el cielo era concebida como un sistema de armonía que debía preservarse para garantizar la continuidad de la vida.

Las investigaciones arqueológicas y etnohistóricas indican que los sacerdotes muiscas, conocidos como xeques, eran también observadores especializados de los fenómenos celestes. Su función no se limitaba al ámbito religioso: interpretaban los ciclos lunares, seguían el recorrido anual del Sol y orientaban las actividades agrícolas y ceremoniales de la comunidad. La observación del firmamento constituía una forma de conocimiento transmitida entre generaciones y estrechamente vinculada con el gobierno de los zipas y zaques.

Uno de los aspectos más notables de esta tradición fue el desarrollo de un calendario lunisolar. Durante mucho tiempo se creyó que las descripciones realizadas en el siglo XVIII por el sacerdote José Domingo Duquesne eran una invención. Sin embargo, investigaciones posteriores del antropólogo Manuel Arturo Izquierdo, apoyadas en evidencia etnohistórica y arqueológica, concluyen que Duquesne recogió información indígena auténtica y que el sistema calendárico muisca poseía una estructura compleja basada en ciclos de lunas y series numéricas, utilizadas para coordinar ceremonias, actividades agrícolas y acontecimientos colectivos.

La astronomía también se reflejaba en la arquitectura ceremonial. El Templo del Sol de Suamox (actual Sogamoso), descrito por los cronistas españoles antes de su destrucción, constituía uno de los principales centros espirituales del altiplano. Del mismo modo, el santuario de Chía, dedicado a la Luna, era un espacio fundamental dentro de la geografía sagrada de los muiscas. Ambos lugares expresaban una concepción del territorio en la que el cielo, la tierra y la comunidad formaban una unidad inseparable.

La geografía del altiplano desempeñaba igualmente un papel esencial. Los cerros orientales que hoy enmarcan Bogotá no eran simples accidentes naturales; constituían referentes del paisaje sagrado y permitían seguir el recorrido aparente del Sol durante el año. Diversas iniciativas de divulgación científica y cultural han resaltado la importancia de estos alineamientos para comprender la cosmovisión muisca, aunque todavía existen aspectos que continúan siendo objeto de investigación arqueológica. Por ello, conviene diferenciar entre las evidencias documentadas y las hipótesis que aún están en estudio.

Este conocimiento del cielo estaba íntimamente relacionado con la agricultura. La observación de las fases lunares y de los cambios estacionales permitía anticipar los momentos adecuados para la siembra y la cosecha de maíz, papa, quinua, cubios, ibias y otros cultivos que sustentaban la economía del altiplano. El tiempo no se medía únicamente para contar los días, sino para mantener el equilibrio entre las personas, los ciclos naturales y el territorio.

La importancia del oro también adquiere una dimensión distinta cuando se observa desde la cosmovisión muisca. Para los conquistadores representaba riqueza material; para los pueblos originarios simbolizaba la energía del Sol y era utilizado principalmente en ofrendas, ceremonias y objetos rituales. Las célebres piezas de orfebrería que hoy admiramos en los museos no fueron concebidas como moneda ni como acumulación de riqueza, sino como expresiones de una profunda relación espiritual con el universo.

Comprender la astronomía y el calendario muisca permite apreciar que, antes de la llegada de los europeos, el territorio donde hoy se levanta Bogotá era el centro de una sociedad con instituciones políticas complejas, conocimientos científicos adaptados a su entorno y una cosmovisión que integraba naturaleza, comunidad y cielo. Reconocer ese legado no significa idealizar el pasado ni desconocer los aportes posteriores de otras culturas; significa aceptar que la historia de Bogotá comenzó mucho antes del 6 de agosto de 1538 y que una parte esencial de su identidad permanece escrita en la memoria de los pueblos originarios y en el paisaje que aún observamos cada día.

Calendario lunar muisca (Alexander von Humboldt, 1816)

La ilustración muestra la reconstrucción del calendario lunisolar utilizado por los muiscas, basada en la información recopilada por el sacerdote José Domingo Duquesne y publicada por Alexander von Humboldt en 1816. El sistema organizaba el tiempo mediante la observación de las fases de la Luna y del movimiento aparente del Sol, fundamentales para la agricultura, las ceremonias religiosas y la vida comunitaria. Los símbolos representan los meses y los ciclos calendáricos propios de la cultura muisca, reflejando un avanzado conocimiento astronómico. Investigaciones modernas consideran que esta representación conserva elementos auténticos de la tradición indígena, aunque algunos aspectos continúan siendo objeto de estudio.

 La resistencia indígena no terminó en Bacatá: la lucha de La Gaitana y la defensa de los territorios ancestrales

Mientras Gonzalo Jiménez de Quesada avanzaba sobre el altiplano cundiboyacense entre 1536 y 1538, sometiendo progresivamente a los pueblos muiscas y ocupando Bacatá, en diferentes regiones del territorio que hoy conforma Colombia comenzaban a surgir respuestas de resistencia indígena frente a la expansión española. La conquista no fue un episodio uniforme ni un proceso aceptado pacíficamente; por el contrario, desencadenó múltiples levantamientos que evidencian la oposición de los pueblos originarios a la ocupación de sus territorios.

En la Sabana de Bogotá, diversos caciques muiscas organizaron la defensa de sus poblaciones. Las crónicas relatan enfrentamientos, destrucción de viviendas, apropiación de alimentos, persecución de autoridades indígenas y el desmantelamiento progresivo de los lugares ceremoniales y de organización política. Aunque la superioridad tecnológica de los conquistadores, el uso de caballos, perros de guerra, armaduras de acero y armas de fuego terminó imponiéndose, la resistencia indígena continuó durante varios años.

Poco tiempo después, hacia 1539, esa resistencia adquirió una de sus expresiones más emblemáticas en el sur del actual territorio colombiano con el levantamiento liderado por La Gaitana, reconocida como una de las principales figuras de la resistencia indígena contra la conquista española. Según las crónicas, tras la ejecución de su hijo por orden del capitán Pedro de Añasco, logró articular una amplia alianza de pueblos indígenas del Alto Magdalena para enfrentar militarmente a los conquistadores.

La respuesta indígena trascendió la defensa de un solo territorio. Miles de guerreros se organizaron para combatir a las tropas españolas utilizando el conocimiento del terreno, emboscadas y tácticas adaptadas a la geografía andina. Las narraciones históricas describen la captura y ejecución de Pedro de Añasco como uno de los mayores golpes sufridos por los conquistadores durante las primeras décadas de la colonización.

Aunque los escenarios geográficos fueron distintos —el altiplano muisca en el centro del país y el valle del Alto Magdalena en el sur— ambos episodios hacen parte de un mismo proceso histórico: la defensa de los territorios ancestrales frente a la ocupación colonial. La resistencia de los muiscas y la insurrección encabezada por La Gaitana muestran que la denominada “conquista” estuvo marcada por enfrentamientos permanentes y por la decisión de numerosos pueblos indígenas de preservar su autonomía, su organización política, sus creencias y su forma de vida.

Comprender estos acontecimientos de manera articulada permite superar la visión tradicional que presenta la fundación de Bogotá como un acto exclusivamente ceremonial o pacífico. En realidad, la ocupación del territorio muisca formó parte de un proceso militar más amplio que encontró resistencia en múltiples regiones del continente y cuyos efectos transformaron profundamente las sociedades indígenas.

El saqueo actual de Bogotá: corrupción institucional, venta de la EEB y megaproyectos viales.

Las formas de expropiación del territorio y de los recursos públicos han cambiado con el paso de los siglos. Ya no se expresan mediante la espada y la encomienda, sino a través de decisiones políticas, modelos de desarrollo y prácticas de corrupción que muchos ciudadanos consideran nuevas formas de despojo.

A 488 años de aquella invasión inicial, el desangre de los recursos públicos de la capital continúa bajo nuevas formas de dominación institucional, económica y de contratación:

  • La transformación y venta de activos públicos de la EEB: El cambio estructural de la propiedad pública sobre la Empresa de Energía de Bogotá (hoy Grupo Energía Bogotá) se gestó formalmente bajo la alcaldía de Antanas Mockus (Acuerdo 01 de 1996), transformando la empresa en una sociedad por acciones para enfrentar la asfixia financiera heredada del macroproyecto hidroeléctrico del Guavio. Años más tarde, bajo la segunda alcaldía de Enrique Peñalosa (Acuerdo 651 de 2016), se autorizó y concretó la enajenación de un paquete accionario del Distrito en la EEB por un valor cercano a 1,9 billones de pesos destinados a financiar obras viales, desprendiéndose de activos estratégicos de la ciudad.
  • La imposición del modelo TransMilenio y la asfixia del transporte masivo: La implementación y masificación de las troncales de TransMilenio se consolidó mediante la destinación y desvío del 50% de la sobretasa a los combustibles —recursos originados para la malla vial de todos los ciudadanos— para privilegiar un modelo de buses de alta capacidad diésel operado por consorcios privados. Este esquema privatizado de transporte masivo bloqueó durante décadas la estructuración y construcción de un sistema férreo o de metro pesado integrado que respondiera a las verdaderas necesidades de movilidad de los bogotanos.
  • El Metro elevado y la imposición de diseños descartados: La postergación histórica y el cambio inconsulto del proyecto de Metro subterráneo —que contaba con estudios de ingeniería avanzada de nivel internacional financiados y listos para su licitación— hacia un modelo de metro elevado impuesto bajo la administración de Enrique Peñalosa y ratificado por administraciones posteriores representó un retroceso técnico y financiero. Esta decisión modificó trazados esenciales, redujo la capacidad de transporte por hora y sentido frente a las demandas reales de la metrópoli, y blindó contratos con mega-consorcios internacionales bajo condiciones de riesgo cambiario y sobrecostos asumidos por la nación y el distrito, profundizando la deuda social y el manejo político de la movilidad urbana.
  • El desfalco monumental en proyectos ambientales (El caso PTAR Canoas): Otro de los grandes monumentos al desvío de recursos públicos es el macroproyecto de la Planta de Tratamiento de Aguas Residuales (PTAR) Canoas, concebido para la descontaminación del río Bogotá con una asignación superior a los 4.5 billones de pesos. En esta megaobra se han documentado graves detrimentos patrimoniales y hallazgos fiscales por más de 48.000 millones de pesos, evidenciando cómo los proyectos ambientales fundamentales terminan convertidos en focos de corrupción y retrasos sistemáticos.
  • Los grandes escándalos de contratación distrital: El erario de los bogotanos ha sido históricamente saqueado por redes de criminalidad institucional y carruseles de contratación que recuerdan la voracidad de los antiguos invasores. Casos emblemáticos como el Carrusel de la Contratación bajo la alcaldía de Samuel Moreno, los desfalcos monumentales en la ejecución de contratos viales, las irregularidades en la valorización y las mafias de direccionamiento de recursos en los fondos de desarrollo local han demostrado cómo los dineros públicos destinados a la salud, la educación y el bienestar social terminan en manos de clanes políticos y contratistas corruptos.
  • La mercantilización y saqueo de fuentes hídricas (El caso de multinacionales como Coca-Cola y la presión sobre el agua de la sabana): A la par del despojo institucional, el modelo extractivista e industrial ha permitido concesiones y sobreexplotación de los acuíferos y fuentes hídricas de la sabana de Bogotá por parte de grandes corporaciones multinacionales (tales como plantas embotelladoras de bebidas y corporaciones de alimentos como Coca-Cola FEMSA en municipios vecinos como Tocancipá o Malambo). Estas operaciones han sido denunciadas reiteradamente por comunidades locales, veedurías ambientales y organizaciones sociales debido al usufructo intensivo de los recursos subterráneos y de acueductos municipales en contextos de escasez hídrica, priorizando el lucro corporativo sobre el derecho fundamental al agua de las poblaciones locales y la preservación de los humedales y páramos altoandinos.
  • Las redes de contratación en alcaldías locales y convenios con fundaciones fachada: Investigaciones de entes de control y corporaciones edilicias han evidenciado el direccionamiento sistemático de recursos públicos en los fondos de desarrollo local mediante la figura de convenios con corporaciones y fundaciones sin ánimo de lucro (tales como la red documentada a través de Fundesco en localidades como Rafael Uribe Uribe, Suba y Kennedy). A estas se suman entidades recurrentes señaladas por concentrar contratos y presentar presuntas irregularidades, como la Fundación para el Desarrollo y Fortalecimiento Territorial Visión Local, la Corporación Nacional para el Desarrollo Sostenible (Conandes), la Asociación de Hogares Sí a La Vida, y uniones temporales como Usme Sano y Salvo (conformada por la Funvive 2.0 y la Corporación Puntos Cardinales). A través de estas estructuras se han hallado sobrecostos de hasta el 450%, requisitos inhabilitantes para bloquear proponentes y contratos de ejecución deficiente con desfalcos por decenas de miles de millones de pesos que vacían los presupuestos destinados a las comunidades más vulnerables.

Los pueblos indígenas actuales en Bogotá: cabildos, pervivencia y resistencia

Lejos del exterminio total que pretendieron los  conquistadores, la sangre y la dignidad originaria laten con fuerza en la Bogotá de hoy a través de procesos organizativos consolidados. Según las cifras oficiales del DANE y los registros de la Alcaldía Mayor, en Colombia la población que se autorreconoce como indígena asciende a 1.905.617 personas, mientras que en Bogotá habitan más de 76.900 indígenas (pertenecientes a más de 80 pueblos diferentes del territorio nacional), lo que consolida a la capital como el principal centro de confluencia sociopolítica y cultural de los pueblos originarios fuera de sus territorios ancestrales.

  • Los 14 cabildos indígenas legalmente reconocidos y activos: En la metrópoli ejercen su autonomía jurídica y organizativa los cabildos reconocidos formalmente e integrados en el Consejo Consultivo Distrital Indígena. Estos comprenden los pueblos ancestrales muiscas de la sabana y comunidades hermanas residentes:
    1. Cabildo Indígena Muisca de Bosa
    2. Cabildo Indígena Muisca de Suba
    3. Cabildo Indígena Ambiká Pijao
    4. Cabildo Indígena Yanacona
    5. Cabildo Indígena Kichwa
    6. Cabildo Indígena Kamëntsá
    7. Cabildo Indígena Inga
    8. Cabildo Indígena Uitoto
    9. Cabildo Indígena Nasa
    10. Cabildo Indígena Los Pastos
    11. Cabildo Indígena Misak
    12. Cabildo Indígena Eperara Siapidara
    13. Cabildo Indígena Tubú (Wounaan / Nukak u otros afines al espacio consultivo)
    14. Cabildo Indígena Wounaan
  • Pueblos indígenas con presencia y resistencia sin cabildo formal: Junto a los cabildos institucionalizados, habitan en Bogotá múltiples colectivos, familias y parcialidades de pueblos que, debido a dinámicas de desplazamiento forzado, migración económica o falta de reconocimiento jurídico individualizado en el perímetro urbano, no disponen de un cabildo formalmente constituido en la ciudad, pero mantienen vivas sus cosmovisiones, lenguas y autoridades tradicionales. Entre ellos destacan delegaciones y comunidades de los pueblos Zenú, Awa, Sikuani, Cubeo, Emberá Katío, Emberá Chamí y Emberá Dobidá, quienes integran el tejido de resistencia social en las diferentes localidades.
  • La defensa ambiental y la autonomía: Estos procesos no solo reivindican la memoria ancestral de Tisquesusa y sus guerreros, sino que lideran la defensa activa de los cerros orientales, los humedales y los ríos urbanos frente a la depredación inmobiliaria y la contaminación institucional, alzando su voz de resistencia en cada aniversario de la ciudad.

La historia no puede cambiarse, pero sí puede comprenderse con mayor profundidad. Reconocer el sufrimiento, la resistencia y la dignidad de los pueblos indígenas es también un acto de justicia histórica. La deuda humana, social y cultural que dejó la conquista continúa alimentando un debate que trasciende fronteras y generaciones. Mientras ese debate siga abierto, continuaré cantando la estrofa del Himno de Bogotá que evoca la epopeya indígena, porque en ella no escucho la celebración de una conquista, sino el eco de un pueblo que nunca dejó de luchar por su libertad.

Bibliografía y Fuentes Documentales

  1. Crónica colonial, resistencia Muisca y la fundación de Santafé
  • [1] Fernández de Piedrahita, Lucas (1688). Historia general de las conquistas del Nuevo Reino de Granada. Amberes: Imprenta de Juan Baptista Verdussen.
  • [2] Castellanos, Juan de (1589). Elegías de varones ilustres de Indias. Madrid: Imprenta de la Viuda de Alonso Gómez.
  • [3] Banco de la República – Red Cultural. Dossieres históricos y publicaciones de la Biblioteca Luis Ángel Arango sobre la expedición de Gonzalo Jiménez de Quesada y la confederación muisca. Disponible en la plataforma virtual del Banco de la República.
  • [4] De las Casas, Bartolomé (1552). Brevísima relación de la destrucción de las Indias (Con grabados e ilustraciones históricas de Theodor de Bry).
  1. Infraestructura fluvial, Real Audiencia y despojo histórico
  • [5] Biblioteca Luis Ángel Arango – Credencial Historia (Edición Nº 283). La expedición de Gonzalo Jiménez de Quesada por el río Magdalena.

III. Corrupción contemporánea, venta de activos, megaproyectos y contratación local

  • [6] Concejo de Bogotá (1996). Acuerdo 01 de 1996: Por el cual se autoriza la transformación de la Empresa de Energía de Bogotá en una sociedad por acciones. Concejo de Bogotá.
  • [7] Concejo de Bogotá (2016). Acuerdo 651 de 2016: Autorización de enajenación de acciones de la Empresa de Energía de Bogotá (GEB). Concejo de Bogotá.
  • [8] Sociedad Colombiana de Ingenieros / Universidad Nacional de Colombia. Evaluaciones técnicas comparativas sobre los estudios de ingeniería entre el proyecto de Metro Subterráneo y la estructuración del Metro Elevado en Bogotá.
  • [9] Corporación Autónoma Regional de Cundinamarca (CAR) e informes de veedurías ciudadanas sobre concesiones de aguas subterráneas a multinacionales (Coca-Cola FEMSA y sector industrial) en la sabana de Bogotá.
  • [10] Contraloría General de la República / Observatorio Ambiental de Bogotá. Informes de auditoría sobre hallazgos fiscales y ejecución presupuestal en el proyecto PTAR Canoas.
  • [11] Concejo de Bogotá / Personería de Bogotá (Debates de control político sobre contratación en alcaldías locales, redes de fundaciones fachada como Fundesco, Conandes, Visión Local, y uniones temporales, 2023-2025).
  • [12] Corte Suprema de Justicia / Fiscalía General de la Nación. Sentencias condenatorias y reportes patrimoniales sobre el desfalco del Carrusel de la Contratación en Bogotá.
  1. Población indígena, cabildos y pervivencia en Bogotá
  • [13] Departamento Administrativo Nacional de Estadística – DANE (2019). Censo Nacional de Población y Vivienda 2018: Demografía y enfoques diferenciales de los pueblos indígenas de Colombia y Bogotá. DANE.
  • [14] Alcaldía Mayor de Bogotá / Secretaría de Gobierno (2024). Decreto 612 de 2015 y Actas de posesión del Consejo Consultivo Distrital Indígena (Registro de los 14 Cabildos reconocidos). Alcaldía Mayor de Bogotá.
  • Cosmología y simbolismo | La Red Cultural del Banco de la República

Nota: Las imágenes realistas fueron generadas por IA por instrucciones promt cercanas a la realidad histórica, por parte del autor.

© Rodrigo H. Acosta B. Todos los derechos reservados. Este artículo constituye una obra unitaria de investigación. Se autoriza exclusivamente su reproducción íntegra con cita expresa del autor y de la fuente original. No se autoriza la reproducción parcial, la extracción de fragmentos, la modificación del contenido ni el uso independiente de las imágenes, ilustraciones o material gráfico sin autorización previa y escrita del autor.

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