Bajo el concreto de la Avenida Jiménez, una memoria líquida ha resistido el paso de la modernidad durante casi un siglo. Sin embargo, este pasado viernes 22 de noviembre, esa memoria dejó de ser subterránea para convertirse en luz. En el marco del circuito cultural “Vicachá, el Resplandor de la Noche”, la localidad de La Candelaria y la Secretaría de Cultura, Recreación y Deporte (bajo su programa Barrios Vivos) lograron un hito: fusionar la tecnología del siglo XXI con la espiritualidad muisca para devolverle a Bogotá, aunque sea por una noche, su río sagrado.
El evento: Una purificación entre dos mundos
La jornada no comenzó con discursos políticos, sino con un silencio reverencial. A las 10:00 a.m., en los alrededores de la Quinta de Bolívar —punto neurálgico donde el río desciende de los cerros antes de ser canalizado— se llevó a cabo una ceremonia de limpieza y purificación del agua.
Liderada por sabedores ancestrales y mamos de la Sierra Nevada de Santa Marta, junto a líderes de la comunidad muisca local, la ceremonia fue descrita por los asistentes como un acto de “pagamento”. “El agua guarda en su memoria todo lo que somos, como un archivo vivo. Al sanar el río, nos sanamos nosotros mismos”, explicó uno de los líderes espirituales durante el ritual. Este encuentro entre la gesta republicana (representada por la Quinta) y la cosmovisión indígena marcó el tono de un evento que buscaba resignificar el afluente no como un canal de desagüe, sino como patrimonio vivo.
El Circuito: Cultura que fluye
A diferencia de intervenciones anteriores que se centraban únicamente en lo ambiental, esta edición propuso un recorrido comercial y artístico integrado. El “resplandor” del río se manifestó metafóricamente en la activación de espacios emblemáticos de La Candelaria. Lugares como Casa San Felipe, Sedual, Masaya, Nativa, La Aldea y el tradicional Café Bogotá abrieron sus puertas con muestras de danza, teatro y narración oral, creando un corredor peatonal que imitaba el cauce vivo del río.
El punto culminante llegó al anochecer en la Plazoleta de la Universidad de los Andes. Allí, el nombre original del río, Vicachá (que en lengua muisca traduce “El resplandor de la noche”), cobró sentido literal. Un espectáculo de video mapping de gran formato y un diseño de iluminación artística proyectaron sobre el espacio urbano el movimiento del agua, “sacando” virtualmente el río a la superficie. La agrupación Candelalma cerró la velada con una fusión musical que, según sus integrantes, “honra la fuerza del agua y su capacidad de transformar el territorio”.
Antecedentes: Una lucha de décadas por “destapar” el río
Aunque el evento del 22 de noviembre de 2025 se presenta con una marca renovada y un fuerte componente tecnológico, no es un esfuerzo aislado. La indagación sobre la historia del río Vicachá revela que este evento es la culminación de múltiples intentos ciudadanos e institucionales por recuperar este eje hídrico.
- El trauma de la canalización (1930s): Para entender la magnitud del evento actual, hay que recordar que el río San Francisco fue canalizado y sepultado en los años 30 para dar paso a la Avenida Jiménez, debido a problemas de salubridad. Durante décadas, el río fue sinónimo de suciedad y olvido.
- La resurrección arquitectónica (1999-2002): El antecedente más importante de recuperación física fue la construcción del Eje Ambiental por el arquitecto Rogelio Salmona. Su diseño de ladrillo y canales de agua buscó, por primera vez, traer la memoria del río a la superficie. Sin embargo, con los años, el deterioro de esta obra había apagado esa intención.
- Iniciativas previas y comunitarias:
- Día del Río Bogotá y Festivales Locales: En años anteriores (específicamente registros de 2014 y 2022), entidades como la Alcaldía Local de La Candelaria ya habían realizado jornadas de limpieza bajo el lema “Recuperemos el Vicachá”, aunque con un enfoque más ecológico y menos turístico.
- Intervenciones Artísticas: En septiembre de 2025, apenas dos meses antes de este evento, la Bienal de Arte “BOG25” realizó una intervención masiva con 150.000 flores en el Eje Ambiental, titulada “Canto del río”. Este acto sirvió como preámbulo visual para el circuito “Vicachá” de noviembre.
- Rituales Indígenas: Colectivos como la “Mesa Hídrica de los Cerros Orientales” llevan más de una década realizando caminatas sagradas y pagamentos discretos en el nacimiento del río. Lo novedoso de este 22 de noviembre fue el respaldo institucional masivo del programa Barrios Vivos, que sacó estos rituales de la marginalidad para ponerlos en el centro de la agenda cultural distrital.
Un nuevo modelo de apropiación
Lo que distingue a “Vicachá, el Resplandor de la Noche” de sus predecesores es su enfoque integral. No se trató solo de limpiar basura (como en 2014) o de una obra de infraestructura (como en 2000), sino de una estrategia de apropiación simbólica.
Al unir a comerciantes, artistas, indígenas y academia bajo un mismo circuito, Bogotá parece haber encontrado la fórmula para que el río San Francisco deje de ser un fantasma bajo la avenida y se convierta, finalmente, en un eje de vida y memoria para las nuevas generaciones. Como concluyó el evento con el canelazo comunitario: el río está vivo porque la comunidad ha decidido recordarlo.














